miércoles, 29 de octubre de 2008

AGUA

ODA A CIERTAS MUGRES

(Gracias Eduardo)


No me quiero ir a bañar. No quiero ducharme. No quiero. El agua va a arrastrar el polvo, el sudor, el calor. No me quiero ir a duchar. No. Voy a quedar limpia de nuevo. Limpia de él. Mi piel va a ser de nuevo virgen, mi piel va a estar limpia de él. El agua va a arrastrar sus huellas digitales, su mugre, la transpiración de su piel sobre la mía. No me quiero ir a bañar. Tengo miedo que el agua se lleve su recuerdo, se lleve la esperanza de amanecer sucia y feliz otra vez. Tengo miedo que lo poco que me queda de él cuando despierto sola y me voy a bañar, se vaya por el desague y se pierda con otros pelos, otras mugres, otros líquidos. El jabón es un enemigo que lo arranca de mi piel y un amigo que me invita a volver a hacerlo. El agua se lleva mi historia y me deja pura de nuevo, me anuncia el presente, me recuerda que la noche termino.

Y el olor. Es por el olor que no me quiero duchar. Si entro en ese cuadrado sentenciante, la lluvia como ácido caerá sobre mi piel desinfectándola de fluidos. Al salir tendré olor a limpia, pavada de existencia, me quiero sucia, sucia de amor. Es ese olor a noche mojada, noche aprovechada, grotesca noche de excesos, noche libre de sexo y conversación, ese olor que me marca el recuerdo de un beso en el índice, saliva en la entrepierna, furia en la pelvis. Pavada de existencia un cuerpo limpio de aventura. No me quiero ir a bañar porque me sabe triste el olor a shampoo barato. No quiero. No. Seria una tonta si pensara que el olor a jabón de glicerina me deja mas pura que el del sudor a fuerza de sentir.

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