Asesinato al miedo
La macana de tal asesinato es que no hay cuerpo al cual dañar. Lo material tiene esa satisfacción: uno puede percibir inmediatamente la rotura, el acabamiento. Decime si no es placentero concentrar las broncas en el puño con el que agarras el mango del cuchillo y con toda esa cólera hacer gajos la piel humana y sentir el olor a la sangre todavía caliente. Y basta. Terminaste con la bacteria.
Ahora, darle muerte al miedo de principio no va a ser placentero pues el miedo no tiene cuerpo y mucho menos sangre caliente. Por tanto ya sabemos que será un poco diferente de lo común. Porque, no se hagan los puritanos, todos alguna vez asesinamos algo, y con placer.
Se me ocurre que no habría que matarlo sino dejarlo agonizando. No creo que sea saludable eliminar por completo a nuestro enemigo ya que es el contrario de algo, por ejemplo, del coraje, y sin él nuestro anhelado compadre no se percibiría al pasar por nuestras carnes.
Modifiquemos entonces el titulo que no será asesinato sino intento del mismo. Vale aclarar que tenemos que ser lo suficientemente astutos y precavidos para dejarlo agonizando y que al recuperarse tenga si o si, SI O SI, alteraciones que no le permitan desarrollarse plenamente (Ajjjj venganza).
Intento de homicidio al miedo
De momento no se me ocurre como podríamos llegar a nuestro fin. Lo que si se me viene a la cabeza es la siguiente pregunta: es conveniente aparecer como autores del hecho o dejarnos en el anonimato?
Se me ocurre, como siempre, pues la vida misma nunca puede ser sencilla, otro dilema. “Nosotros”, ¿abarcaría yo, deseosa de que esto suceda efectivamente, que por un gesto de humildad habla en primera persona del plural o quienes por adhesión y buena voluntad se suman a mi causa? Solo que de conocerlos lo haría recién cuando este texto se lea, suponiendo que el acto se haya cometido ( porque si no al leerlo parecería un simple texto narrativo, con suerte divertido, de un autor anónimo de alguna época y lugar) , entonces se acercarían o por beber de mi éxito o como un gesto de solidaridad a mis buenas intenciones y frente al abucheo de las demás gentes.
De lo narrado hasta aquí infiero que de llevar a cabo el intento de homicidio lo tendré que hacer solita ya que por vergüenza nunca divulgaría este texto si no he podido cumplir con mi promesa. Entonces la pregunta primera se remplaza por la siguiente: me conviene aparecer como autora del hecho o dejarme en el anonimato?
Según la primera opción, después de herido el bicho, el mundo entero sabría que he sido la culpable. De caerle bien a las personas tal gesto de valentía, saldría de mi casa con guardaespaldas y al distraerse estos con una mujer bonita podría agarrar rápidamente una lapicera y firmar uno que otro autógrafo para algún niño que con lagrimas en los ojos espere la noche entera en la puerta de mi mansión para verme de cerca. Con el pequeño detalle de que si el resto del mundo no digiere bien la noticia entonces me convendría la segunda opción, la del anonimato. Y no crea que esto esta lejos de suceder, porque la hipocresía es así, como una yerba mala que nunca se muere, y por mas queja que se pueda compartir respecto al miedo los hipócritas hablan y hablan pero no aprovechan la palabra como el reflejo de una acción.
Creo que si de conveniencias se trata el de ser autor anónimo me sienta bien ya que no me molestaran si todo sale mal y de salir bien disfrutare de mi éxito sin otro inconveniente que el de mi arrogancia.
Para dar por concluido este tema y pasar a otro mas bonito cambiare aquel titulo por este:
Intento de homicidio al miedo: caso inconcluso (el activista se dio a la fuga)
Se me ocurre que de poder herirlo lo haría cuando el guanaco este distraído porque es muy astuto el guacho y al enterarse que algo estoy tramando se acercaría lenta y persuasivamente consumiéndome las ganas de dañarlo.
Por tanto debiera darle cita allí donde pareciera que no tiene lugar, un momento feliz por ejemplo o una materia que uno tiene bien sabida, Llamarlo a los gritos tratando de convencerlo de que tiene trabajo por hacer. El despreciable se acercara despacio, afortunadamente confundido, pues no seria un lugar habitual de desempeño de su esencia.
Ahora, tendré la buena de que estará confundido pero tendré también la mala de la posibilidad que la que se confunda sea yo y me agarre nomás por la espalda y termine temblando de pánico en medio de una fiesta con alcohol, asado y amigos.
Pero he jurado por mi pasado cobarde que él nunca regresara. Juro nuevamente sobre este papel, con toda la fuerza que me otorga el recuerdo de experiencias tristes, que al menos intentare hacerle frente.
Siguiendo con el plan, en un lugar bonito, el bicho empieza a acercarse medio atontado por las circunstancias y aprovechándome de la mentira y la precaución debería ahí mismo sacar el arma con la cual hacerlo mierda. He aquí otro inconveniente: con que arma se hiere al miedo?
Intento de homicidio al miedo: caso inconcluso sin pruebas aparentes.
Pues no seremos ingenuos, si el miedo no es material entonces lo que termine con el tampoco habría de serlo. Tengo a mi favor que no dejare pruebas en el lugar del hecho y así haré imposible mi identificación.
Entusiasmada con mi fabuloso plan pasemos ya a pensar en el arma homicida. O pensemos mejor en lo opuesto: que seria aquello que deje al miedo desarrollarse plenamente, a favor de su vitalidad? Creo que una respuesta posible es la ignorancia, que deviene en sumisión, no tanto de la presencia de la rata sino de la capacidad interior en cada uno de nosotros de hacerle frente.
Creo que lo que se acaba de generar es muy interesante: puesto que la lectura y la escritura son momentos, porque no, felices, puesto que indicios son del acecho del miedo la duda y el “ir despacio”, puesto que aquí se han planteado muchas preguntas y muchas etapas, puesto que la manera de terminar con el susodicho, habíamos insinuado, seria dando a conocer la existencia del enemigo y la capacidad de hacerle frente, y puesto que aquí ya lo hemos hecho, puesto que he sido yo quien ha divulgado este texto y ustedes quienes afortunadamente están comenzando a apreciarlo, puedo concluir entonces, felizmente y satisfecha, que el comienzo del cambio ya esta hecho. Al alzar la palabra cuando menos a dejado un ojo morado y un brazo quebrado a ese triste animalito que solía ser una bestia. Concluyo que he cumplido mi promesa, que la palabra es acción y que los bichos bolita son mas inteligentes de lo que uno piensa.
Anónimo Arrogante.
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