miércoles, 29 de octubre de 2008

FUEGO

ODIO


Me gustaría que sufras,

ver caer lágrimas por tu piel

que a su paso te quemen como acido

y te corroas cual metal.

Saber que te es difícil

haber aplastado una amapola.

Que te cuesta respirar.

Para mi la playa se volvió desierto,

el bosque fue talado con tu gélido abrazo.

Me quebré por dentro,

las carnes se me volvieron goma,

languidezco sobre mi cama.

Quisiera que al menos me quede el consuelo de saber

que para vos es igual o más de duro,

que se te hayan cerrado los ojos,

las manos lastimado

y que ya no distingas entre jazmín o hedor.

A mi me toco conservar,

huérfano entre mi pecho,

una bola de energía potencial

que en su momento se traducía en caricias.

Ahora la conservo como un recuerdo

pero empieza a pudrirse en mi interior,

empieza a envenenarme los órganos y los huesos.

Es entonces cuando deseo, profundamente,

que te cueste avanzar,

que te mires cual naufrago en el océano,

que me extrañes a tal punto

que me convierta en tu demonio,

esos mismos que intentaba arrancarte zamarreándote, cuando me amabas.

Quisiera ser el peor de tus recuerdos

que de tan bello te duela.

Que me lleves como cristo a su cruz.

Que se te caiga la piel que tanto te bese:

Toda tu piel.

Que te sientas tan culpable

que no puedas mirar un insecto sin pedirle perdón.

Y que intentes llamarme con el mas profundo de tus deseos

pero no tengas voz para pronunciar mi nombre.

A mi me ha dejado de sonreír la mañana,

te regalo mis noches que duran todo el día.

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